ORAR CON SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

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Virgen María,
en este día vengo a presentarte el homenaje de fe y de amor del pueblo santo de Dios que vive en esta ciudad y diócesis.
Vengo en nombre de las familias, con sus alegrías y fatigas;
de los niños y de los jóvenes, abiertos a la vida;
de los ancianos, llenos de años y de experiencia;
de modo especial vengo ante ti de parte de los enfermos, de los encarcelados, de quienes sienten más difícil el camino.
vengo también en nombre de cuantos han llegado desde tierras lejanas en búsqueda de paz y de trabajo.

Bajo tu manto hay lugar para todos, porque tú eres la Madre de la Misericordia.
Tu corazón está lleno de ternura hacia todos tus hijos:
la ternura de Dios, que en ti se ha encarnado y se ha hecho nuestro hermano, Jesús, Salvador de todo hombre y de toda mujer.
Mirándote, Madre nuestra, reconocemos la victoria de la divina Misericordia sobre el pecado y sobre todas sus consecuencias;
y se enciende de nuevo en nosotros la esperanza de una vida mejor, libre de la esclavitud, rencores y miedos.

Hoy, aquí, sentimos tu voz de madre
que llama a todos a ponerse en camino hacia esa Puerta, que representa a Cristo.
Tú dices a todos: «Venid, acercaos confiados; entrad y recibiréis el don de la Misericordia;
no tened miedo, no sintáis vergüenza: el Padre os espera con los brazos abiertos para daros su perdón y acogeros en su casa.
Venid todos a la fuente de la paz y de la alegría».

Te agradecemos, porque en este camino de reconciliación tú no nos dejas caminar solos, sino que nos acompañas, estás cerca de nosotros y nos sostienes en toda dificultad.
Que tú seas bendita, ahora y siempre, Madre. Amén.

  • Esta oración fue dedicada por Papa Francisco a la Inmaculada en el acto de veneración en la Plaza de España de Roma, el 8 de diciembre de 2015